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Ejercicios para mantener la frecuencia cardíaca

La actividad física mantiene una estrecha relación con las pulsaciones o frecuencia cardíaca, mejorando la circulación sanguínea de forma equivalente a la disciplina que se practique.

Un adulto promedio con una salud estable puede bombear 5 litros de sangre con un cálculo de 60 a 90 palpitaciones por minuto. Sin embargo, si este margen se mantiene o supera las 90 latidos por minuto en estado de reposo, es una señal de que el estado físico no está en óptimas condiciones.

Ante este panorama, se debe empezar una rutina de ejercicio y cuidar la alimentación para prevenir que este número siga aumentando.

En los entrenamientos, la frecuencia máxima debe ser tomada en cuenta para no sobrepasar el esfuerzo cardiaco, sobre todo en los adultos mayores de 60 años, quienes necesitan más asesoría al realizar ejercicios aeróbicos que no resulten contraproducente para su salud.

Entre más edad tenga la persona, menor deberá ser el número de veces que el corazón late por minuto en una jornada de ejercicio, y se puede calcular a través de la fórmula Tanaka, donde se resta 208 con 0,7 y se multiplica por la edad. Sin embargo, las ecuaciones para medir la frecuencia máxima no resultan ser precisas en un 100%.

De acuerdo a esto se le aplicará la carga del entrenamiento adecuada a la resistencia, donde una persona en pleno ejercicio puede llegar a tener de 100 a 170 contracciones del corazón.

La práctica de deporte debe ser controlada y moderada, en la medida que se conozcan las enfermedades de los pacientes, pero caminar 30 minutos diarios es un ejercicio que deben realizar todas las personas para mantener la frecuencia cardíaca, sin excepción.

El corazón, a consecuencia del envejecimiento, sufre el aumento de grosor del ventrículo izquierdo, generando presión arterial en la sístole justo donde este musculo se contrae, pero con la natación puede moderarse estos efectos.

Este es el deporte aeróbico más recomendado para regular y mejorar el sistema cardiorrespiratorio. También estimula los órganos, activando la circulación de la sangre. Al nadar, el cuerpo adquiere mayor movilidad, ya que fortalece las articulaciones y entrena los músculos. Además, trata dolencias en la columna, ayudando a su rectificación.

Manejar bicicleta o practicar Spinning, mejorar el funcionamiento de los vasos sanguíneos, y su uso habitual controlará el colesterol y el sobrepeso.
En el caso de las bicicletas, pedalear al menos media hora entrenan los cuádriceps, tonificando y endureciendo los glúteos. Además que se ejercita todo el cuerpo, tanto el pecho, espalda y hombro, por la coordinación del equilibrio y sobre todo la muslos, nalgas, pantorrillas.

Bailar es una actividad muy gratificante para el oído, pero también para el corazón. La danza previene enfermedades como insuficiencia cardiaca, y aumenta los niveles del llamado colesterol bueno (HDL) y contribuye a la disminución del malo LDL o coresterol malo. También reduce los niveles de glucosa en sangre.

Al final, cualquier actividad que implique un esfuerzo físico, mejorará la calidad de vida de los pacientes a largo plazo, manteniendo al corazón a un buen ritmo y condición.

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